El placer por comer y el valor emocional de la comida durante el cáncer

El placer por comer y el valor emocional de la comida durante el cáncer

Se habla mucho de dietas específicas, restricciones alimentarias pero poco se habla de la necesidad de mantener el placer por comer.

Muchas personas con cáncer tienen pérdida del apetito (anorexia) y cambios en el sabor de los alimentos (disgeusia), perdiendo la ilusión y las ganas de comer. Esto puede comprometer el estado de salud y a la pérdida involuntaria de peso y puede ser realmente preocupante en pacientes con riesgo de desnutrición y caquexia cancerosa como cáncer digestivo, de pulmón de célula pequeña, de cabeza y cuello.

También nos encontramos con pacientes que se sienten culpabilizados y con miedo por comer de vez en cuando algún alimento con azúcar porque piensan que están “alimentando al tumor”. Pero esto no es así, ni tan sencillo.

 

Debemos poner el foco en el patrón global de la alimentación y no en un único alimento.

 

Es importante recordar que el cáncer es una enfermedad multifactorial y es un proceso que requiere la acumulación y selección sucesiva de alteraciones genéticas y epigenéticas a lo largo del tiempo que producen un daño en el ADN.

 

La alimentación es importante para mejorar el estado nutricional, la calidad de vida, la tolerancia al tratamiento, los estados inflamatorios, la composición corporal, e incide en la salud de la microbiota intestinal. Pero además de cubrir las necesidades nutricionales también debemos cubrir las necesidades emocionales que necesita cada persona.

 

La alimentación constituye un momento de satisfacción, a veces, el único momento agradable del día

 

También es importante darse permiso y disfrutar del momento. Sentirse culpable mientras se está comiendo es lo peor que se puede hacer.

Los profesionales de la salud que acompañamos a nivel nutricional a estas personas debemos tener en cuenta el peso que tiene el valor emocional de la comida y la capacidad y motivación que tiene la persona para realizar o no cambios en sus hábitos de alimentación. No debemos darle tanto protagonismo a la alimentación ni ser radicales.