la mejor dieta según los genes

la mejor dieta según los genes

CUERPO MENTE nº 221 – NUTRICIÓN Y SALUD

Las variaciones genéticas son a menudo las responsables de que la respuesta a los alimentos sea tan personal. La nutrigenética usa esta información para adecuar la dieta y prevenir enfermedades.

Cada vez se conocen mejor los efectos sobre la salud de los alimentos que comemos y de aquellos otros a los que renun­ciamos. También se han estudiado las repercusiones del ejercicio y del seden­tarismo. Pero lo que se conoce menos es cómo la dieta y el estilo de vida interac­cionan con los genes de un individuo para evitar enfermedades o prevenirlas. ¿Por qué hay personas que a pesar de abusar de alimentos ricos en grasas satu­radas, como embutidos, carnes, produc­tos lácteos y bollería industrial, no pre­sentan niveles elevados de colesterol y en cambio otras que comen saludablemente tienen niveles alterados? La explicación es que las variaciones genéticas determi­nan el modo en que el cuerpo responde a los alimentos. De ahí que no exista una dieta válida para todo el mundo.

La idea de que la relación entre genes y nutrientes influye en la expresión de las enfermedades no es reciente. Des­de la primera mitad del siglo xx se sa­be que, por ejemplo, la fenilcetonuria y la galactosemia son enfermedades mo­nogénicas, resultado de la alteración de un único gen, y que pueden ser trata­das mediante una dieta baja en fenila­lanina y lactosa respectivamente, para evitar así posibles daños en la salud de la persona. También se ha visto que en otras enfermedades monogénicas, co­mo la celiaquía, la hipercolesterolemia familiar y la intolerancia a la lactosa, la dieta desempeña un papel crucial.
En otros casos, como en las enferme­dades cardiovasculares, la obesidad, la diabetes tipo 2, el cáncer, la osteoporo­sis, las enfermedades neurodegenerati­vas y la alteración en el metabolismo de  los lípidos, los trastornos son el resulta­do de complejas interacciones poligéni­cas (en que interaccionan varios genes) con diversos factores ambientales. De ahí que reciban el nombre de enferme­dades multifactoriales. La dieta es el fac­tor ambiental al que todos estamos ex­puestos de manera continuada a lo lar­go de la vida y el que más influye en la incidencia de las enfermedades y en la modulación de la expresión genética.

Una nueva era
Desde la aparición de las técnicas de la biología molecular y el éxito del Proyec­to Genoma Humano se puede conside­rar que ha empezado una nueva era de la nutrición. Genética y nutrición han unido sus esfuerzos y se han integrado en la denominada Genética Nutricional, ciencia que estudia la interacción entre los alimentos y sus componentes bioac­tivos con el genoma a nivel molecular, sistémico y celular. Su principal objeti­vo es aportar el conocimiento que per­mita establecer un tratamiento nutricio­nal basado en el genotipo individual a través de dos ramas principales: la nu­trigenómica y la nutrigenética.
La nutrigenómica estudia el efecto de los nutrientes y sus componentes bio­activos en la expresión y respuesta de los genes. Trata de descifrar la forma en que los componentes de los alimentos actúan como señales químicas e influ­yen en la expresión de los genes.

Esta rama de la genética nutricional tiene como objetivo conocer los meca­nismos implicados en la interacción en­tre los genes y la dieta y, en consecuen­cia, cómo puede la dieta inducir cam­bios homeostáticos. La nutrigenómica se aplica en el campo clínico, y se em­plea como herramienta para tratar dis­tintas enfermedades.
Por ejemplo, la nutrigenómica estu­dia el papel de los ácidos grasos poliin­saturados en la expresión genética de su oxidación y utilización de energía. En este caso, tras su oxidación se obtienen metabolitos, como son algunos eicosa­noides que afectan a la transcripción de determinados genes.  prevenir enfermedades
A diferencia de la nutrigenómica, la nutrigenética centra su atención en es­tudiar los mecanismos por los que los componentes alimentarios (nutrientes y compuestos bioactivos) interaccionan con el genoma y cómo afectan estas va­riaciones al riesgo o susceptibilidad de padecer una enfermedad. Es decir, estu­dia cuál es la respuesta de distintos ge­notipos (constitución genética) a la in­gestión de determinados componentes alimentarios y cómo influye esto en el binomio nutrición-salud, determinando la susceptibilidad de cada persona a pa­decer ciertas enfermedades relacionadas con la dieta.
La nutrigenética tiene una aplicación práctica: recomienda nutrientes especí­ficos teniendo en cuenta el código gené­tico de la persona. Su objetivo princi­pal es la prevención de enfermedades a través de la nutrición. Ofrece la posibi­lidad de personalizar la dieta de acuer­do con la constitución genética indivi­dual. Para alcanzar sus objetivos se basa en la identificación y caracterización de las variantes genéticas, los llamados po­limorfismos (de poli, muchos, y morfo, forma), que se asocian o que son los res­ponsables de la respuesta diferenciada a determinados nutrientes.
Se han identificado varios polimor­fismos destacables para la nutrición: en genes que controlan el metabolismo del ácido fólico, en los asociados al metabo­lismo lipídico o en los relacionados con el sistema óseo, por ejemplo.

La nutrigenética tiene una aplicación práctica: recomienda nutrientes específicos teniendo en cuenta el código genético de la persona.

La dieta personalizada
En las últimas décadas las recomenda­ciones nutricionales se han basado en pautas alimentarias para la población en general, sin tener en cuenta la indivi­dualidad de cada uno y sus necesidades personales. Pero el concepto de «die­ta ideal» está cambiando hacia la «die­ta personalizada», que considera los re­querimientos individuales. La dieta más saludable sería, pues, aquella que está adaptada a los genes de cada persona, a su perfil nutrigenético.

Desde el punto de vista genético to­dos somos diferentes y reaccionamos de manera distinta a cada alimento. Ade­más, no absorbemos, metabolizamos ni eliminamos los nutrientes de la misma manera. De aquí el interés de combinar nutrición y genética teniendo en cuenta la variabilidad individual.

Genes antiguos para alimentos nuevos
La evolución de la alimentación no se corresponde con la de nuestra genética. Alimentos que en una época fueron in­frecuentes hoy se consumen todos los días, incluso varias veces al día. El ejem­plo más claro son los productos lácteos y sus derivados. Los tenemos hasta en la sopa (y es una afirmación literal), in­cluso en alimentos que en principio no deberían incluirlos o que parece impo­sible que puedan contenerlos. En mu­chos casos, además, sus proteínas se en­cuentran «parcialmente modificadas». En pocos años han aparecido nuevos alimentos y sustancias a los que nues­tro código genético todavía no ha teni­do tiempo de adaptarse.
En la actualidad nos encontramos, pues, ante lo que se denomina «estrés inmunitario»: el sistema inmunitario, responsable de las defensas pero tam­bién de los mecanismos de la alergia, tiene que responder a múltiples sustan­cias poco familiares y decidir si son real­mente nocivas o no. De ahí el número creciente de personas que sufre alergias alimentarias.
Los alimentos que ingerimos diaria­mente presentan gran cantidad de sus­tancias biológicamente activas, muchas de las cuales pueden ejercer un efecto saludable en el organismo. Con otras, ocurre todo lo contrario.
Muchos de los alimentos habituales en la dieta occidental han sido procesa­dos y refinados, lo que implica que un buen número de sus nutrientes origina­les se ha perdido durante el proceso de manipulación. Por ejemplo, en muchos alimentos preparados las enzimas, nu­trientes esenciales que se encuentran en los alimentos frescos, se han perdido por efecto de las altas temperaturas. Lo mis­mo sucede con algunas vitaminas y mi­nerales. En definitiva, el producto final carece del valor nutritivo original. Por otro lado, los alimentos industrializados incorporan sustancias que podrían ac­tuar desfavorablemente sobre la salud: aditivos, grasas de baja calidad, plagui­cidas y otras sustancias potencialmen­te tóxicas. Esto es especialmente grave para los jóvenes, propensos a recurrir a comidas preparadas. Bollería, embuti­dos o pizzas y similares se encuentran entre estos alimentos.

Sustancias nocivas
La doctora Ana Ramírez de Molina, res­ponsable del programa Genómica Nu­tricional del Instituto IMDEA Alimen­tación, explica que «el estudio del efec­to de cualquier sustancia que se encuentre en los alimentos, incluyendo contaminan­tes como plaguicidas, puede ser objeto de estudio dentro del ámbito de la Genómica Nutricional, en este caso para la identifica­ción de componentes que puedan ser noci­vos para la salud».
Por otro lado, la doctora Marta Carre­ra, directora técnica del Centro de Pato­logía Celular de los laboratorios Sabater Análisis, comenta que el perfil nutrige­nético tiene en cuenta la calidad de los alimentos y la presencia de plaguicidas y herbicidas, entre otros. Según el resul­tado de determinados polimorfismos se aconseja el consumo preferente de ali­mentos ecológicos y evitar el contacto con plaguicidas.
La industria alimentaria tiene un in­terés creciente por los avances en genó­mica nutricional. La doctora Ana Ramí­rez de Molina comenta que este interés actualmente se centra en productos nu­tracéuticos o nutrigenómicos con efec­tos beneficiosos para la salud, así como en la aplicación de la genómica nutri­cional en lo referente a biomarcadores que se puedan traducir en futuros test de riesgo de enfermedades relacionadas con la nutrición. Probablemente estos dos campos de estudio de la genómi­ca nutricional –compuestos bioactivos y biomarcadores– sean los que, a corto plazo, puedan reportar mayores benefi­cios a la industria alimentaria.

Una única prueba
Hoy en día existe la posibilidad de saber qué alimentos son los más adecuados pa­ra cada persona en función de su perfil nutrigenético. A través del test conocido como NutriGen se evalúan 20 genes y 26 polimorfismos (o variaciones genéticas) implicados en procesos de biotransfor­mación y detoxificación hepática, meta­bolismo lipídico, control de peso, meta­bolismo de la homocisteína, metabolis­mo del calcio, inflamación, etc. Solo se necesita una muestra de sangre.
Según las doctoras Marisa Manzano y Laura Salvador, expertas en nutrición y antienvejecimiento de Antiaging Group Barcelona, «el perfil NutriGen sirve para predecir qué alimentos aumentan o dismi­nuyen el riesgo de desarrollar ciertas en­fermedades con el objetivo de recomendar una dieta personalizada en función de la genética». No es un diagnóstico, pues, pero ayuda a establecer una predicción de riesgos potenciales.

Quizá esta nueva ciencia ayude a tomar mayor conciencia de la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos sobre nuestra propia salud.

Alimentos y suplementos para cada caso
Una vez la persona recibe el informe de su perfil (los resultados se entregan en unas cuatro semanas a partir de la re­cepción de la muestra) puede ver las recomendaciones sobre qué alimentos puede potenciar y cuáles restringir. De acuerdo con el resultado de cada indi­viduo se recomendará una alimentación y una suplementación específicas. La suplementación nutricional puede ser adecuada en aquellos casos en que el polimorfismo revela una mayor altera­ción en la función del gen o un mayor riesgo de desarrollar una enfermedad. En la práctica, la experiencia de los la­boratorios Sabater Análisis indica que a partir del perfil nutrigenético la mayoría de personas necesita suplementarse pa­ra conseguir el equilibrio deseado entre los factores genéticos de predisposición y los factores ambientales.
Las doctoras del centro Antiaging Group Barcelona comentan que «es di­fícil aportar las cantidades necesarias de todos los nutrientes con las dietas actuales porque acostumbran a ser monótonas, con productos envasados, rápidas y en horarios no adecuados. La suplementación comple­menta los posibles déficits y refuerza deter­minadas funciones del organismo, como la inmunitaria».

La medicina Antiaging
El perfil NutriGen se encuentra dentro de los programas de medicina antiaging y puede ser su piedra angular. Tal y co­mo comentan las doctoras Marisa Man­zano y Laura Salvador, «la medicina antiaging es básica­mente el conocimiento de to­das las funciones de nuestro cuerpo y cómo podemos po­tenciar lo que nos funciona bien y mejorar aquello que no va tan bien para cumplir años con salud y energía». En su equipo de especialistas re­cogen toda la información posible del paciente y la co­tejan con sus hábitos de vi­da, dentro de un completo programa que permite ofrecer los con­sejos más ajustados en cada caso. Los análisis genéticos se pueden realizar en cualquier momento y los resultados son útiles para toda la vida, pues el código genético no cambia.

El futuro de la nutrición
La nutrigenómica tiene un futuro pro­metedor si contribuye a mejorar la salud y prevenir determinadas enfermedades relacionadas con el tipo de alimentación y el estilo de vida. Ofrece enormes es­peranzas para la cura de enfermedades crónicas y de origen genéti­co, así como para solucionar los cada vez más extendi­dos problemas de obesidad. Tanto la nutrigenética como la nutrigenómica se encuen­tran en plena evolución. Se trata de dos disciplinas rela­tivamente jóvenes, en rápi­do desarrollo.
Sin embargo, a pesar de que ya se haya escrito mu­cho sobre las dietas basa­das en la nutrigenética y que son varios los centros de adelgazamien­to que publicitan las bondades casi mi­lagrosas de esta línea de investigación, hoy por hoy es pronto para hablar de dietas «a la carta» mediante la nutrige­nómica. Existe una base científica para afirmar que un componente de la die­ta puede contribuir al desarrollo de una enfermedad al interactuar con la expre­sión genómica de un ser humano, pero se trata todavía de un área de estudio «en pañales».
Recientemente se ha creado la Or­ganización Europea de Nutrigenómi­ca (NuGO) con el objetivo de que dife­rentes centros de varios países europeos compartan información. Todo un cami­no por recorrer que, sin duda, ofrece un horizonte esperanzador.
Quizá esta nueva ciencia ayude a to­mar mayor conciencia de la responsabi­lidad que cada uno de nosotros tenemos sobre nuestra propia salud y enferme­dad, y de la importancia de las eleccio­nes nutricionales. Es lo que siempre ha preconizado la medicina natural.

Dos ciencias con mucho futuro
Nutrigenética. Su obje­tivo es elaborar recomen­daciones sobre los ries­gos y beneficios de dietas concretas o de compo­nentes dietéticos aisla­dos para cada persona, teniendo en cuenta sus genes. Por eso también se la conoce como «nutri­ción personalizada o indi­vidualizada».
Nutrigenómica. Analiza el efecto de los nutrientes en la expresión y respues­ta de los genes: si estos se activan o se inactivan, y con qué frecuencia.
Ambos campos de in­vestigación se engloban en  la Genómica Nutricio­nal, un área de investiga­ción muy joven pero en rápido desarrollo. Según la Dra. Marta Carrera, de Sabater Análisis, pueden cambiar la manera en que se establecen y se llevan a cabo las recomendacio­nes dietéticas.

Una respuesta individualizada a los alimentos
Pequeñas variaciones en ciertos genes, conocidas como polimorfismos, pueden influir en la capacidad de meta­bolizar los alimentos y nutrientes, así como en la capacidad de inactivar y eliminar sustancias dañinas.

Las investigaciones en ge­nómica nutricional se cen­tran principalmente en las enfermedades multifactoria­les, aquellas que resultan de la interacción entre los ge­nes y los factores ambienta­les. Se estudian, por ejemplo:
•Las variaciones en genes del metabolismo del ácido fólico, por su asociación con un ries­go incrementado en defectos del tubo neural.
•Las variaciones en genes del metabolismo de la vitamina B6, la vitamina B12 y la betaí­na, el café y las proteínas, por su relación con el desarrollo de enfermedades cardiovascula­res y el cáncer.
•Los polimorfismos en genes del metabolismo del calcio, por su asociación con un riesgo in­crementado de osteoporosis.
•Los polimorfismos en genes del metabolismo de los lípidos, ya que se asocian con el ries­go de padecer una enferme­dad cardiovascular.
•Los polimorfismos en genes de detoxificación hepática, da­da su asociación con el riesgo de desarrollar un cáncer.
Tres centros líderes
Grupo Sabater Análisis (Barcelona). Fue el labora­torio pionero en introducir el perfil nutrigenético en Espa­ña. Analizan 18 polimorfismos en 14 genes, relacionados con el metabolismo de los lípidos, los procesos de metilación del ADN, el metabolismo óseo, la proliferación celular, el metabo­lismo de la glucosa/insulina, la inflamación crónica y la defen­sa antioxidante.
www.sabater-tobella.com
IMDEAAlimentación (Ma­drid). El Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Ali­mentación investiga las líneas más actuales en el sector de la alimentación. Pertenece a la red de Institutos Madrileños de Estudios Avanzados de la Comunidad de Madrid.
www.alimentacion.imdea.org
Antiaging Group Barcelo­na (Clínica Tres Torres).
www.antiaginggroupbarcelona.com

El perfil nutrigénetico, una herramienta de prevención
El estudio del perfil nutrigenético de cada persona permite conocer de manera individualizada qué alimentos aumentan o disminuyen el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades a las que se es más susceptible.
¿A quién puede interesar? A quien quiera prevenir proble­mas cardiovasculares, cáncer, diabetes, demencia, osteopo­rosis… y mantenerse saluda­ble durante el mayor tiempo posible. Es interesante sobre todo para personas que tienen antecedentes familiares de en­fermedades que resultan de la interacción entre el código ge­nético y factores ambientales.
¿A qué edad se recomien­da? Puede realizarse a cual­quier edad, pero se recomien­da a partir de los 20 años. Cuanto antes se conoce el perfil nutrigenético y se ponen en práctica las recomendacio­nes nutricionales que se deri­van de él, antes se puede evi­tar, en la medida de lo posible, el desarrollo de enfermedades para las que se presenta ma­yor susceptibilidad genética.
¿Para qué sirve? A partir de los resultados de la prueba, se puede personalizar la base de la dieta para ajustarla de mo­do que beneficie al máximo y perjudique lo mínimo. Tal vez, si no se es capaz de metabo­lizar moléculas tóxicas, haya que estimular la desintoxica­ción hepática; o bien, si el me­tabolismo del óxido nítrico es­tá aumentado, sea aconsejable incrementar el aporte de vita­mina C para ayudar a proteger la membranas celulares.
¿Cuánto cuesta? A partir de 558 euros se puede obtener un perfil nutrigenético, válido para toda la vida. Las pruebas pueden ampliarse según los antecedentes familiares.
¿Tiene inconvenientes? Cualquier resultado médico debe ser interpretado siem­pre por un especialista. En principio, realizarse esta prue­ba no tiene ningún inconve­niente: se recogen unas gotas de sangre en un papel secan­te y el análisis está disponible en unas cuatro semanas. Eso sí, lo interesante es que los resultados se utilicen en «po­sitivo», para prevenir y optimi­zar la dieta y el estilo de vida, y no enfocarlos de un modo «negativo» o determinista.

Jordina Casademunt (nutricionista)

LIBROS
Dietética antiaging y anticáncer
M. D. Muntané Ed. Díaz de Santos
Técnicas y métodos de investigación en nutrición humana
Alberto Mijánde la Torre. Ed. Glosa

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